09/10/2016

Junkopia

Editorial Bifurcaciones

Editorial

JUNKOPIA

Junkopia deambula por los escombros de territorios post-industriales chilenos, fijando momentos fugaces en poemas cortos e imágenes procesadas en noise. Deformando los encuadres y acechando los desperdicios como un espejo terrible, los autores terminan convirtiendo el paisaje en una huella o en un accidente de sí mismo, como quien mira su reflejo en la pantalla de un televisor que hace décadas dejó de funcionar.

Junkopia es el segundo libro de Editorial Bifurcaciones. Sus autores son:

Jonnathan Opazo Hernández (San Javier, 1990). Becario del Consejo de la Cultura 2016 en la categoría poesía, y ganador del Premio Roberto Bolaño 2016. Ha colaborado con crónicas, columnas y reseñas de tercera categoría en medios digitales y escritos. Fanático de Sonic Youth, Werner Herzog y el té con jenjibre.

Rodrigo Figueroa (Constitución, 1989). Ha publicado trabajos vinculados al noise bajo los nombres de Cefalea y BAXABAXA en distintos netlabels y compilados. Le gusta el café, la poesía experimental y los cómics de Alan Moore. Tiene un perro que se llama Cooper.

Junkopia, 2016, 152 páginas. ISBN: 978-956-9501-01-2

Precio en librerías: $9.000 Precio por compra directa: $7.000 más envío (interesados escribir a jota@bifurcaciones.cl)

 

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«Junkopia acopla imágenes y textos en el riesgoso intento de agotar un motivo –la materialidad ruinosa, la basura y la precariedad de ciudades postindustriales de provincia– hasta las últimas consecuencias. El resultado es una dura y a la vez emotiva vuelta de tuerca del resentimiento, que hace del daño un terreno fértil para el brote de un haikú redentor: una transfiguración plausible, sin condescendencias ni quejumbres ni miramientos evangelizadores, de la miseria y el desgaste. En su dramática condensación, los poemas atrapan el grito de la imagen, donde la ruina reclama su calidad de portavoz de experiencias colectivas e individuales. Esa tensión entre historias y materialidad me recuerda el cuento de Enrique Lihn Huacho y Pochocha, cuyo argumento se teje a partir de un mero grafiti callejero, algo tan marginal y despreciado y visto al pasar como los despojos que le dan cuerda a este libro que me obliga a imaginar, para ponderarlo mencionando a su lector óptimo aunque ya imposible, a Gonzalo Millán leyéndolo con la más detenida y afectiva atención, porque logra dejar vibrando las hilachas de las ciudades como cuerdas de algún instrumento noble que revela lo que se suele ocultar.»
– Leo Sanhueza