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OTO 2016

Aproximaciones para el estudio de las prácticas rurbanas en la ciudad intermedia chilena/

Actividades de rebusque en Talca

Stefano Micheletti y Francisco Letelier

Resumen

Este artículo pretende generar una primera aproximación al estudio de las prácticas rurbanas en la zona central de Chile, a través de la construcción de un breve marco teórico de referencia y un estudio de caso relativo a la ciudad intermedia de Talca, Región del Maule. A través de entrevistas en profundidad, el trabajo analiza las actividades ligadas al uso del caballo y la carreta, identificándolas como expresiones rurbanas que fortalecen la construcción de una identidad mixta (rural-urbana), que potencialmente se desvincula de la tensión modernidad/tradición. El artículo reflexiona acerca de la relevancia cultural de estas actividades y su importancia para la construcción de identidad local y regional.

Palabras Claves

Rurbano, Ruralización de lo urbano, Actividades de rebusque, Identidad

Abstract

This paper aims to introduce the study on rural-urban practices in the central zone of Chile, through the construction of a brief theoretical framework and a case-study related to the intermediate city of Talca, in the Maule Region. By using interviews, the work analyses the activities linked to the use of the horse and the cart, identifying them as rural-urban expressions strengthening the construction of a mixed identity (rural-urban), which potentially dissociates itself from the tension between modernity and tradition. The article considers the cultural relevance of these activities and their importance to the construction of local and regional identity.

Keywords

Rurban, Ruralization of the urban, Gleaning, Identity

Introducción

La construcción teórico/práctica acerca de lo urbano se ha desarrollado a partir de escuelas que observan lo metropolitano, y “al fijar la metrópolis como paradigma de la ciudad, todos aquellos asentamientos urbanos de menor tamaño son medidos y analizados bajo este modelo, y todo fenómeno social que dé cuenta en ellos de prácticas o estilos de vida tradicional será abordado como parte de un proceso hacia la urbanización (en realidad, metropolitanización), es decir, como un elemento marginal que no tiene sentido analizar en sus propios términos” (Salcedo y otros, 2013: 2). Esto produce la invisibilización de un conjunto de situaciones híbridas, propias, por ejemplo, de ciudades intermedias que se resisten a dejar de ser pueblo, o de los nuevos pobladores de origen rural que habitan amplios sectores de la periferia urbana.

La poca relevancia (o la ausencia) que estas prácticas híbridas tienen en los discursos oficiales y en las políticas públicas es más grave cuando se dan en un contexto en el cual existe una evidente mixtura identitaria entre lo urbano y lo rural, tal como sucede en la región del Maule en Chile, incluso en sus ciudades intermedias mayores como Talca y Curicó. La homogeneización del fenómeno urbano implica la subvaloración de este conjunto de prácticas y a la vez una ausencia de reconocimiento a las subjetividades sociales y las identidades vinculadas a ellas. De este modo no solo se prescinde de políticas públicas que las acojan y promuevan, sino que la acción pública termina intentando domesticar modos de vida tan legítimos como cualquier otro.

Si bien algunos enfoques como el de Nueva Ruralidad, Ciudad Rural y Agrópolis, han hecho una contribución sustantiva para romper la dicotomía clásica entre lo urbano y rural y de paso han abierto un campo de investigación fructífero en torno a ciudades de tamaño medio, no han dado una relevancia suficiente a los aspectos más culturales de la relación entre lo urbano y lo rural como lo son, en este caso, prácticas rurales que se producen en la ciudad.

En este contexto, este trabajo busca reflexionar acerca de los aspectos más culturales de la relación urbano-rural, examinado diversas prácticas cotidianas y discutiendo acerca de su aporte en la construcción de identidad territorial.

Para ello se presenta en primer lugar una revisión conceptual acerca de los enfoques que problematizan la dualidad urbano – rural, poniendo énfasis en el de ruralización de la ciudad. En un segundo momento se propone un marco conceptual específico para observar prácticas rurales en la ciudad, con especial atención a la categoría de las actividades de rebusque. En la tercera parte se describe la región del Maule, el contexto del caso, haciendo énfasis en su condición de territorio híbrido y portador de fuertes identidades rurbanas, y finalmente se presenta un trabajo de campo realizado en la ciudad de Talca en el que se relevan prácticas específicas de rebusque y se reflexiona acerca de su importancia para la construcción de identidad territorial.

1. Discusión conceptual

1.1 Las nuevas expresiones urbano-rurales

En los últimos veinte años, algunos autores han intentado analizar las nuevas expresiones urbano-rurales en un contexto de mayor conexión entre espacios que históricamente se han construido dicotómicamente. En Chile, uno de los primeros abordajes fue la “Nueva Ruralidad”, que propuso redefinir lo rural a partir de tres dimensiones acumulativas (Gómez, 2003: 14):

1) El tipo de territorio con una densidad relativamente baja y las actividades que se realizan: ya no solamente la agricultura y ganadería, sino también las industrias pequeñas y medianas, la pesca, la minería, la extracción de los recursos naturales y el turismo rural, etc. (multifuncionalidad de las áreas rurales).

2) La especificidad que la distingue de otras situaciones, es decir la base de relaciones vecinales prolongadas y la existencia de intensas relaciones de parentesco entre una parte significativa de los habitantes

3) El alcance que abarca lo rural, ya que determinados territorios normalmente considerados como urbanos se pueden entender, a partir del punto anterior, como parte de la ruralidad.

Este enfoque encontró su  mejor expresión en las dinámicas rurales de países como España, donde el campo fue abandonado por los agricultores y luego repoblado por un nuevo habitante rural; para la realidad chilena se presentaron problemas de pertinencia, ya que las dinámicas locales diferían bastante de las europeas. En efecto, en lugar de un nuevo habitante rural, se estaba desarrollando en Chile una nueva agricultura, basada en un proyecto agroindustrial y de exportación.

No obstante, la discusión planteada permitió mover el foco del debate hacia nuevos conceptos, haciendo coincidir la condición de rural con la de provinciano, más que con la de agricultor, a la vez de insinuar una primera compenetración rural-urbana a partir de la especificidad de las relaciones sociales de ciertos territorios intermedios.

Desde este primer impulso, la relación del “campo” con los pueblos y ciudades cercanas fue incorporado como elemento central en el análisis, buscando explicar las relaciones dinamizadoras de los polos que se constituyen alrededor de las urbes.

Para Berdagué y otros (2010: 8), se trata de las “ciudades rurales”, que se ubican en un punto intermedio de un gradiente de ruralidad que va desde un extremo urbano (metrópolis) hasta uno rural (caseríos). Las ciudades rurales corresponderían a asentamientos que, si bien bajo el criterio de tamaño poblacional deberían ser considerados como urbanos, mantienen en la práctica una pauta de relaciones sociales que asociamos más a la realidad rural, por tener una vinculación orgánica y funcional con las actividades económicas agrícolas.

Tal como plantean Salcedo y otros (2012: 3), es interesante que desde este punto de vista el gradiente entre el extremo urbano hasta el extremo rural no está compuesto solo por una variable (tamaño o densidad poblacional), sino que requiere de la inclusión de otras dimensiones (actividades económicas, tipo de vínculos sociales, etc.). Sin embargo, si bien este enfoque aborda de manera clara el tema de las nuevas expresiones urbano-rurales en la ciudad intermedia, no profundiza el análisis respecto del ámbito de las prácticas y las identidades.

Manuel Canales propone otra lectura, y pone en duda la compatibilidad de las categorías rural y urbana para la definición de un mismo territorio, creando el concepto de “Agrópolis” (Canales y Hernández, 2011: 1). Se atiende en este caso a la función productiva del territorio, haciendo una distinción entre “rural” y “agrario”. Según Salcedo y otros (ibid.), la distinción central se desplaza entonces desde la tradicional dicotomía urbano/rural, a una dicotomía urbano-agraria/urbano-metropolitana. Define a la ciudad metrópolis la actividad económica de carácter no primario, con la capacidad de construir su propio entorno e independizarse del hábitat natural y con un poblamiento denso demográficamente. El Agrópolis, por el contrario, es una red de poblamientos que se distribuyen en uno o varios valles, ciudades y pueblos, con actividades económicas piscisilvoagropecuarias y pluri-centradas.

Es interesante notar en este caso la visibilización de nuevas dinámicas que se están generando, como por ejemplo la llegada de sujetos rurales en los sectores perirubanos, que se siguen desempeñando laboralmente en el campo y habitan la ciudad de forma muy marginal. También en este caso, la “agrarización” de la ciudad centra su análisis más bien en las dinámicas económico-productivas y no aborda suficientemente la consolidación de una identidad que no es urbano-metropolitana en su sentido tradicional, sino que mezcla elementos rurales con urbanos intermedios.

En este contexto de trasformación, una mirada que se acerca mucho a la cuestión rural-urbana desde una perspectiva más práctica y cotidiana, y que parece la más pertinente para el propósito de este trabajo es la que diversos autores han definido como “ruralización de lo urbano” entendiéndose como “el proceso en que lo urbano y lo rural se entremezclan y en su síntesis postulan lo rurbano” (Gamilberti, 2011: 2).

Es importante señalar que lo “rurbano” se diferencia del “continuo rural-urbano” o de lo “rururbano” basado en elementos geográficos, y que caracteriza los espacios de borde o periurbanos. No se trata solamente del debilitamiento de las fronteras, que invita a plantear el análisis de las interacciones rural-urbanas desde la perspectiva de un modelo de organización territorial multipolar (Linck, 2011: 4).

Para Salcedo y otros (2012: 3), la categoría rurbana se manifiesta en la condición de vida de algunos actores cuyos modos y lógicas de acción basados en valores, saberes y sentires rurales comienzan a mimetizarse con la urbe (y viceversa). Podría pensarse en una relación dialéctica en que la cultura urbana se reapropia de bienes naturales y culturales habitualmente entendidos como propios del mundo rural, reforzando así los vínculos sociales (Carneiro, 2001; Wanderley, 2001; en Salcedo y otros, 2012: 4).

Fig. 1. Caballos y carretas estacionados en un sector cécntrico de la ciudad de Talca. Foto de Stefano Micheletti

Fig. 1. Caballos y carretas estacionados en un sector céntrico de la ciudad de Talca. Foto de Stefano Micheletti

Para Cimadevilla (2014: 7), así como se ha pensado históricamente la urbanización de la vida rural, puede concebirse el proceso contrario, es decir la ruralización de lo urbano, sin que por eso se extingan las situaciones precedentes”. Se trataría de un proceso de interpenetración de los contrarios (Galimberti, 2011: 7), que en la urbe se desarrolla en la medida en que “otros modos, estilos y lógicas de reproducción no siguen los parámetros de la razón dominante y se encarnan en los actores rurales que viven y/o trabajan en la ciudad” (Kenbel y Cimadevilla, 2009: 8).

Evidentemente, este enfoque se aleja de la dualidad urbana informalidad/formalidad planteada por varios autores con el fin de interpretar la persistencia de lógicas diversas a las del “urbanita”, en tanto queda en evidencia que la informalidad no es un simple trasplante de lo rural en la ciudad (Salcedo y otros, 2012: 5), sino una característica propia de la urbanización contemporánea.

Sin embargo, lo rurbano puede captar elementos propios de las prácticas postmaterialistas (Inglehart, 1971; en Salcedo y otros, 2012: 5) que buscan recrear el modo de vida tradicional en el corazón de la ciudad (como por ejemplo la agricultura urbana), y de culturas de sobrevivencia que emergen en el contexto de los procesos de des-urbanización identificados por Barbero (1999; en Cimadevilla, 2014: 5).

Fig. 2. Venta de churrascas, transito de caballos y carretas_ zona nor-oriente de Talca. Foto Afre Garrido.

Fig. 2. Venta de churrascas, transito de caballos y carretas_ zona nor-oriente de Talca. Foto de Afre Garrido.

Es posible entonces entender el proceso de ruralización de las ciudades como un fenómeno resultante de una serie de condiciones; para Galimberti (2011: 10), esto es “la conjugación de procesos migratorios de pobladores rurales que se instalan en las ciudades, el consiguiente cultivo de estos actores de sus prácticas arraigadas, de sus saberes identitarios, de sus modos naturales de resolver su existencia”, a los que se pueden sumar las prácticas postmaterialistas antes mencionadas.

Esto significa que en la práctica la ciudad se ruraliza a partir de las manifestaciones de actores sociales que “recurren a instrumentos, elementos y rutinas asociadas con el campo para resolver su existencia” (Kebel y Cimadevilla, 2009: 4). Por tanto, se generan trayectorias que dan lugar a nuevos híbridos, configurando una materialidad nueva, ni urbana ni rural, sino rurbana (Galimberti, 2011: 11). Pero a la vez se va consolidando una identidad nueva, un poco urbana y un poco rural, que casi por contagio involucra también a quienes no hacen uso de esta materialidad híbrida, al recordarles cotidianamente su origen, su historia y la de sus antepasados.

Para Cimadevilla y Carniglia (2009; en Galimberti, 2011: 11), la rurbanidad se puede entonces definir desde un punto de vista teórico como “un continuo que toma distancia de las lecturas polares y procura apoyarse en el supuesto de las penetraciones y articulaciones que modifican la dinámica y la lógica de los espacios sin que por ello se anulen los precedentes”.

Fig. 3. Tránsito rurbano, sector UCM, Talca. Foto Afre Garrido.

Fig. 3. Tránsito rurbano, sector UCM, Talca. Foto de Afre Garrido.

Un asunto importante de la cuestión rurbana es la identificación de criterios que permitan definir la pertenencia de espacios, artefactos, prácticas y expresiones a esta categoría. Para Cimadevilla (2014: 11), una posibilidad para cotejarlo es el principio de intersubjetividad. Para ello, la condición rurbana puede ser material o simbólica, siendo que cada una de esas dimensiones lleva necesariamente a la posibilidad de considerar la otra.

La condición rurbana es entonces entendida como el resultado de ciertas prácticas, que para el mismo autor se clasifican en (ibid: 12):

i) productivas: producción de verduras, frutas y/o animales en espacios periurbanos y urbanos

ii) comerciales: intercambios comerciales urbanos (formales e informales) de productos rurales y/o de origen o destino rural

iii) laborales, profesionales y logísticas: servicios urbanos para/o de origen rural; oficios de auto sostenimiento

iv) de uso del tiempo libre: entretenimiento y/o juegos de azar urbanos de origen o reminiscencia rural

v) de residencia y sociabilidad: espacios de ser y estar periurbanos o urbanos (barrios cerrados y semicerrados, locales y viviendas); tecnología doméstica de origen rural.

La categorización presentada permite identificar con cierta claridad los espacios de expresión rurbanos, representando la traducción concreta de las conexiones e hibridaciones urbano-rurales.

1.2 Las actividades de rebusque

Para Galimberti (2011: 2), el interés en el conocimiento de lo rurbano se define particularmente en el sistema de objetos y las significaciones que les son asignadas por los actores y las políticas públicas destinadas al sector. Para Kenbel la ruralización de la ciudad se manifiesta esencialmente en las culturas del rebusque, como las que llevan a cabo “carreros, cartoneros, junta basuras, etc., quienes, movilizándose en carros tirados por caballos y sin pretenderlo, modificaron los paisajes, planos, estéticas y dignidades, y también regulaciones y convivencias urbanas” (Cimadevilla, 2001; en Kenbel, 2006: 7). En la clasificación anteriormente propuesta, se trataría de una forma rurbana de tipo laboral, adscrita a la categoría de servicios urbanos de origen rural y oficios de auto sostenimiento.

Un interesante estudio realizado en el territorio de Rio Cuarto, Argentina, define un sistema de objetos rurbanos conformados por el caballo y la carreta, e identifica tres tipos de actividades que engloban lógicas y rutinas de trabajo reconocibles como actividades de rebusque o refugio, y que forman parte del universo de las formas de la rurbanidad (Kenbel, 2006: 8): i) la extracción (y transporte) de arena del río Cuarto con una estructura de hierro tirada por caballo; ii) la venta ambulante de frutas y verduras con carros a tracción a sangre y iii) la recolección informal de residuos en carros tirados por caballos.

Kenbel analiza de esta manera las características que comparten las actividades mencionadas:

  • Utilizan, como elementos principales, carros y caballos, lo cual involucra un conjunto de saberes y un estilo de vida que de algún modo gira en torno a la tenencia de los animales y a ciertas destrezas de uso e interacción.
  • Se basan fundamentalmente en un tipo de conocimiento heredado, transmitido generacionalmente. Se trata de actividades surgidas en los contextos familiares o de vecindad que requieren de la destreza física de los actores y de la recuperación de ciertos saberes
  • Fue posible reconocer rutinas en sus prácticas. Las mismas giran en torno a los caballos, el desarrollo de las actividades y a las propias acciones de los actores
  • Los actores valoran la independencia relativa respecto a las actividades ya que son ellos los que organizan los tiempos y las rutinas.
  • Son actividades que requieren de la confianza entre los actores y aquellas personas con quienes traban relaciones comerciales.
  • Se trata de empresas familiares con cierta división de tareas, según la cantidad de miembros por familia que trabajen o colaboren en la actividad.
  • Son prácticas basadas en la necesidad de los actores de trabajar: hay una mezcla de apego por lo que se hace, con una recuperación de saberes por parte de sus padres o vecinos, la necesidad de trabajar, el poder realizar actividades en los mismos barrios donde viven
  • Son actividades que se desarrollan al aire libre

Aún apropiándose de una lectura que no se base en la dicotomía rural/urbana, y entendiendo la existencia de gradientes, queda por resolver la definición de los criterios que permitan vincular estas actividades de rebusque con las labores típicamente rurales, y la autora da algunas pistas en este sentido:

  • Las tareas rurales se realizan al aire libre y se encuentran influenciadas por los factores ambientales; las actividades de refugio también.
  • Las labores calificadas como rurales se caracterizan por recurrir a un tipo de conocimiento tradicional y familiar; utilizan mayormente la fuerza física: su “fuerza es la mano”. Por comparación, las actividades catalogadas como urbanas se distinguen más por el uso del intelecto en el manejo de información o producción simbólica.
  • Las comunidades rurales se distinguen de las urbanas por ser menos numerosas, posibilitando un contacto más asiduo entre las personas y relaciones que perduran a lo largo de los años. La vida en los barrios donde viven y trabajan los actores rurbanos guarda ciertas similitudes con esta descripción
  • En relación a las características de las poblaciones urbanas y rurales, Vidart (1960; en Kenbel, 2006: 11) señala que el saber del hombre de campo apunta hacia el contorno inmediato y habitual que la tradición le señala y el trabajo le exige. En cambio el hombre urbano es un trashumante laboral, un ser lleno de recursos que actúa en zonas abstractas.

2. Actividades de rebusque en Talca, región del Maule

2.1 El contexto rurbano de Región del Maule

La Región del Maule, en Chile, representa un escenario interesante para identificar y estudiar las prácticas rurbanas, ya que representa un contexto de fuerte conexión entre territorios e identidades tradicionales y modernas.

La región se encuentra emplazada en el valle central chileno, a 200 kilómetros de Santiago, y presenta una hermosa geografía que desde la cordillera de los Andes, atraviesa en sentido transversal el sector de precordillera, el valle central, la cordillera de la costa y el secano, para llegar hasta la zona costera. Se le considera territorio huaso [1], y presenta una evidente matriz social y productiva ligada a lo agrario y lo campesino.

A nivel nacional, el Maule se ubica en los últimos lugares en los principales indicadores de desarrollo regional: pobreza, competitividad económica y productiva, ingreso y su distribución, productividad y capital humano, entre otros (Subsecretaría de desarrollo regional, 2009). Todo esto presenta un panorama de una región muy desigual, con sectores de pobreza, y cuyos habitantes aún no han logrado organizarse para hacer frente a sus problemas.

Este territorio ha experimentado en los últimos 40 años grandes transformaciones, en el contexto de la implementación de un modelo de desarrollo neoliberal: por un lado han mejorado la calidad de vida y los niveles de bienestar de las personas y familias maulinas, que hoy cuentan con servicios que estaban lejos de las condiciones de vida que experimentaron sus padres; pero por otra parte, la migración hacia la ciudad se ha mantenido constante, en la medida en que la brecha en relación a las oportunidades de la ciudad aún existe: si bien vivir en sectores rurales es hoy mejor que antes, la vida en la ciudad está llena de oportunidades que quedan fuera del alcance de una familia rural.

Los diferentes impulsos de modernización han afectado directamente las formas de producir y habitar los territorios: luego de la intensa migración campo-ciudad que caracterizó los años ’50 y ’60, y el proceso de Reforma Agraria y la Ley de Sindicalización Campesina, los habitantes del Maule tuvieron que enfrentar los violentos cambios impuestos por el golpe militar de 1973, y la implementación de una forma de gobierno centrada en el libre mercado. Respecto de las transformaciones que han caracterizado la realidad maulina, y que interesan en algún grado el fenómeno de estudio, cabe destacar al menos las siguientes:

  1. El desarrollo del complejo agroindustrial y forestal, basado en la expansión del cultivo de frutales, viñedos y árboles exóticos, que ha influido en la infraestructura y conectividad de la ruralidad (carreteras, telecomunicaciones, etc.), así como en la relación con las ciudades intermedias.
  2. El surgimiento de nuevas formas de habitar el territorio, como los villorrios de vivienda social rural impulsados por las políticas públicas, pero también parcelas de agrado para las clases altas provenientes de la ciudad. A la vez, habitan en la ruralidad personas que no poseen tierra y que trabajan en faenas forestales o de agro industria, o derechamente en la ciudad cercana.
  3. La migración campo-ciudad, que luego de la oleada de los años ’50 y ’60 retoma impulso en los ’80, y que se mantiene hasta hoy en toda la región (cómplices también de las políticas de reconstrucción posteriores al terremoto del 27 de febrero de 2010, que han causado el desplazamiento de miles de familias); los procesos de urbanización y modernización de los sectores rurales no han logrado detener este fenómeno.
  4. El surgimiento de ciudades intermedias agrarias (Talca, Curicó, Linares, Cauquenes), y el desarrollo de intensos flujos de intercambio de personas, materiales, información etc. con los territorios colindantes.

En términos identitarios, un interesante estudio realizado a nivel regional por la Universidad Católica del Maule y la ONG Surmaule da cuenta del vínculo profundo que existe entre lo urbano y lo rural. El texto “Identidad e Identidades del Maule” plantea que “los habitantes rurales reconocen cambios profundos en la estructura ocupacional de los poblados hacia actividades secundarias y terciarias; una acelerada tendencia de los territorios a la urbanización, la conectividad y el consumo, entre otros” (UCM y ONG Surmaule, 2010: 71). Por otro lado, “para los sujetos urbanos, es innegable la presencia de lo rural en la vida de las ciudades. Sin embargo, se percibe que no existe una reflexión que reconozca e integre esta dinámica. Esto se expresa por ejemplo en espacios donde ambas dimensiones se encuentran (ferias, terminales de buses, mercados) o en los proyectos de desarrollo que se orientan desde un paradigma urbano. No obstante, el anhelo por la ciudad e incluso la inconsciente necesidad de “urbanizarse”, no parece afectar la relación afectiva con lo rural, la nostalgia por “el campo”, por sus valores, por la comunidad, base sobre la cual se podría fundar una nueva relación rural – urbana” (ibid.).

Estos procesos terminan construyendo una identidad nueva, ambigua, un poco urbana y un poco rural. Según podemos apreciar en el Gráfico 1, una reciente encuesta del Centro de Estudios Urbano-Territoriales cuyo datos aún no se publican, revela que en el Maule el porcentaje de población que se define como “totalmente urbana” es de un 37,6%, y que solamente el 19,5% se siente “totalmente rural”, lo que refuerza la hipótesis de un proceso de hibridación identitaria muy fuerte a nivel regional, mientras que un 42,7 se considera un poco urbana y un poco rural.

Gráfico 1: Adscripción identitaria de los habitantes de la Región del Maule. Fuente: CEUT

Fig. 4: Adscripción identitaria de los habitantes de la Región del Maule. Fuente: CEUT

En cuanto a las ciudades, el Gráfico 2 muestra que en la capital Talca (de 250.000 habitantes aproximadamente) el 10% de los habitantes se siente totalmente rural y el 35,4% un poco rural y un poco urbana; estas cifras aumentan en el caso de Curicó y Linares (de 160.000 y 110.000 habitantes aprox.) donde el 10,9% se siente totalmente rural y el 42,8% un poco rural y un poco urbano.

Gráfico 2: Adscripción identitaria de los habitantes de la Región del Maule (sub-muestras). Fuente: CEUT

Fig. 5: Adscripción identitaria de los habitantes de la Región del Maule (sub-muestras). Fuente: CEUT

Para tratar de reflexionar sobre estos datos, es interesante considerar los planteamientos de José Bengoa (1996: 31), según el cual la sociabilidad chilena urbana se ha guiado por pautas rurales tradicionales. Una fuerte contribución al reforzamiento de esta ambigüedad urbano-rural fue representada históricamente por los procesos migratorios “que sin duda tienen que ver con este proceso de instalación persistente de la cultura rural en la ciudad, y con las maneras como se han ido constituyendo las clases sociales en Chile. La comunidad, la nostalgia de la comunidad, más bien, es el fundamento de la cultura urbana chilena, es el eje de la identidad no modernizada, es el sustrato que establece las seguridades, los procesos de estabilidad, y también los fenómenos de incertidumbre que cada cierto tiempo nos afligen” (1996: 32).

En una entrevista realizada para el estudio “Identidad e Identidades del Maule” y no publicada, es posible leer como este vínculo permanente con el campo termina creando una “nueva” identidad:

“El apego al origen… a la tierra de la cual proviene tu familia…. Tiene que ver, por ejemplo, que en la ciudad de Talca, hay un cordón gigantesco que siempre está viendo la posibilidad de volver a la casa de los padres … (que) se viene a la urbe…  tiene una cultura que es agrícola y campesina y tratan de sobrevivir en la ciudad con esa cultura, entonces… terminan por plantar lechugas en dos metros cuadrados de patio, o tratando de instalar un gallinero… y de alguna manera, mantienen el contacto con el otro segmento de la familia que sí se queda en el campo, entonces… el cincuenta por ciento, a lo mejor, de la población de la región, veranea en las tierras que son (de) familiares en el campo… los niños vuelven al campo, a la casa de los abuelos… y eso revitaliza la relación agrícola y campesina con el territorio de origen” (Elite política–institucional)

Emerge entonces con cierta claridad una trayectoria identitaria rural en el nivel regional y rurbana en el nivel ciudad, que aún no ha sido asumida en todas sus potencialidades y que configura los territorios locales como laboratorios interesantes para el estudio de los fenómenos de ruralización de las urbes intermedias.

2.2. Caso de estudio: las actividades de rebusque en Talca

Con el afán de generar un primer acercamiento al estudio de actividades de rebusque en la ciudad de Talca, la capital regional del Maule, se realizó un proceso de recolección de información primaria a través de entrevistas [2], considerando el mismo sistema de objetos rurbanos identificados por Kenbel: el caballo y la carreta.

Si bien representa una entrada limitada respecto al universo de prácticas rurbanas, el estudio de las actividades de rebusque presenta la ventaja de abordar el espacio de la experiencia cotidiana, de la vivencia directa de los miles de talquinos que a diario cruzan sus caminos con los de un carretonero, en pleno centro de la ciudad o en la periferia.

A nivel metodológico se trabajó en dos etapas, la primera de carácter exploratorio y la segunda de carácter descriptivo. En la primera fase se buscaron los asentamientos de carretoneros a través de recorridos por la ciudad, y se optó por elegir la zona nor-oriente por concentrar mayor densidad de la población de estudio. La segunda parte de la investigación comprendió la realización de siete entrevistas en profundidad, aplicadas a dos grupos que trabajaban con caballos de transporte de carga.

El servicio que prestan los carretoneros consiste en el transporte de ripio y áridos en general, aunque ocupan la carreta también para otro tipo de trabajos eventuales relacionados con el transporte de carga. Los entrevistados fueron hombres de 19 a 51 años, todos residentes en la comuna de Talca (poblaciones Padre Hurtado y Los Paltos, sector Faustino González), con bajo nivel educativo e integrando familias numerosas, de entre 4 a 7 miembros.

Fig. 4. Tránsito rurbano en el centro de Talca. Foto Afre Garrido.

Fig. 6. Tránsito rurbano en el centro de Talca. Foto Afre Garrido.

Se indagó en aspectos específicos de su identidad como su relación con el territorio, sus motivaciones para desarrollar la actividad y las proyecciones que consideran tiene el oficio. En este sentido, es interesante constatar que respecto al caso argentino existen ciertos rasgos comunes, que señalamos a continuación:

  • Utilizan como elementos principales el caballo y la carreta, y desarrollan sus actividades de transporte de ripio en las zonas cercanas.
  • El origen de su actividad se remonta a la necesidad de trabajar y generar ingresos; considerando la procedencia rural de los entrevistados o de sus padres, es posible pensar que optaron por este tipo específico de actividad debido a su background y a las destrezas adquiridas en ese contexto: el manejo de los animales, la fuerza física, el aire libre como espacio de trabajo.
  • En todos los casos existe una gran valoración de la modalidad independiente de trabajo, como contraposición al trabajo apatrona’o, típica expresión del sistema de hacienda que caracterizó el campo chileno durante siglos.

En general, todos los entrevistados afirman estar a gusto con su trabajo, y que en ningún caso lo cambiarían por otro “porque nadien me manda” (Manuel, 19 años). El único caso en donde se manifiesta disconformidad con el empleo es “porque a la edad que tengo ya me siento cansado, estoy agotado, no tengo una jubilación a futuro, porque en este trabajo uno no puede disponer de dinero para imponerlo” (José Hernán, 51 años). Es evidente aquí la tensión que se genera entre las libertades que ofrece un trabajo independiente, y la falta de protección social que significa la informalidad del oficio: la actividad permite abordar el “día a día”, pero no plantearse un proyecto de largo plazo

Más allá de esta tensión, el oficio se reconoce y aprecia como fuente de sostenimiento, y todos los entrevistados afirman sin excepción que su labor es valorada por su familia, las personas a las que prestan servicio y el ciudadano talquino en general.

Frente a la pregunta acerca de cómo se definirían en términos identitarios, emerge con claridad el componente rural y rural-urbano, que se confirma también en referencia a sus padres. La misma tendencia aparece en la definición del trabajo de transporte de ripio, que se percibe como “urbano, rural, las dos cosas” (Juan Carlos, 47 años). Para la mayoría de los entrevistados existe en su imaginario un mayor apego al campo, esencialmente por la relación cotidiana que se da con los caballos y que representa una conexión muy fuerte con la familia de origen o con la etapa vital de la infancia.

De hecho, al preguntársele de forma abierta sobre la primera idea o imagen que se les viene a la cabeza al mencionar las palabras ciudad y campo, a éste último se le asignan conceptos positivos como “tranquilidad” y “uso de los animales”; al contrario la ciudad evoca sentimientos negativos como “pobreza” y “abandono”. Es interesante la visión extremadamente  positiva – casi idealizada – de la ruralidad, que posiblemente se sustenta en la persistencia de los vínculos y las conexiones familiares, laborales y simbólicas con un hábitat que representa también todo “lo perdido”, y que se trata de reproducir en un contexto nuevo, urbano.

Se entiende entonces que la opinión común es que muy probablemente este tipo de empleo desaparecerá en el futuro, aunque para un entrevistado “posiblemente se pueda formar de otra manera” (Juan Carlos, 47 años). Respecto a la posibilidad de que los hijos de los entrevistados continúen en el mismo rubro, hay diversas apreciaciones; para algunos “es un trabajo muy sacrificado y muy pesado para que un joven lo desempeñe, además que este trabajo ya no queda mucho de esto ya” (José Hernán, 51 años), mientras que para otros es una posibilidad “por trabajar igual que yo, por trabajar independiente” (Alejandro, 45 años) y “porque están acostumbrados igual que uno a trabajar con los animales” (Juan Carlos, 47 años). La existencia de actividades de rebusque como las presentadas, dan cuenta de la expresión práctica de lo rurbano en la ciudad de Talca. Se trata de labores con cierta tradición, que hoy día se desarrollan en condiciones precarias y en contextos laborales informales. Existe la sensación de representar una práctica marginal, pero a la vez se percibe una alta valoración del oficio no solamente en quienes lo realizan, sino también en el entorno más próximo.

A nivel identitario, representan una síntesis significativa de las trayectorias históricas que han ido conformando las comunidades maulinas, a mitad de camino entre las tradiciones propiamente campesinas y la urbanidad.

Fig. 8. Carreta para el transporte de carga, sector nor-oriente de Talca. Foto de Afre Garrido.

Fig. 7. Carreta para el transporte de carga, sector nor-oriente de Talca. Foto de Afre Garrido.

Por otro lado, es necesario interpretar la importancia de prácticas como éstas, que aún conservan ciertas relaciones económicas características basadas en la confianza, en la cooperación y a veces en la solidaridad. De hecho, aportan significativamente al bienestar material y social de las personas y potencialmente pueden constituir un patrimonio inmaterial barrial de alto valor.

Evidentemente habrá que profundizar el estudio de estas expresiones rurbanas (caballos y carretas representan solamente una mínima parte del sistema de objetos rurbanos), a la vez de promoverlo como un fenómeno relevante identitariamente y que pueda ser abordado también por las políticas públicas, que hoy día marginan de forma sistemática esta contra-racionalidad.

Reflexiones finales

El caso de estudio presentado hace emerger algunas primeras consideraciones que aportan al planteamiento de preguntas más profundas y que reafirman la potencialidad de este tema no solamente a nivel identitario, sino también económico y de política pública.

En primer lugar es interesante constatar que las actividades de rebusque están presentes en una ciudad intermedia chilena como Talca, y que representan espacios de contra-racionalidad con capacidad de fortalecer una identidad mixta, rurbana, que se está definiendo en los contenidos y en las formas. En este sentido, a pesar de que el proceso de modernización haya promovido el uso de los vehículos motorizados para todo tipo de actividad productiva, la carreta representa un elemento resistente en la ciudad intermedia agraria.

Es una rurbanidad que se nutre de un sustrato histórico muy conectado con lo rural y que hoy se encuentra en un proceso de síntesis: es posible entonces reconocer prácticas de tipo productivo, comercial, laboral, de uso del tiempo libre, de residencia y sociabilidad que pueden ser puestas en valor.

Hacer emerger la labor de los carretoneros en una ciudad intermedia de 250.000 habitantes es traer a discusión cuál es la identidad de la ciudad. Si bien en Talca más de un 45% dice sentirse un poco rural y un poco urbano, no sabemos si las prácticas rurbanas están en el horizonte de visión de sus habitantes ¿Son parte del ser rural estas prácticas? ¿Es necesario conservarlas para conservar el ser rural? ¿O el ser rural puede susbsitir sin prácticas culturales concretas? ¿Cuál es el aporte que estas prácticas pueden hacer a la configuración de una identidad propiamente local y regional?

En este contexto, existe una enorme potencialidad para la Región del Maule; tal como se plantea en el texto “identidad e Identidades del Maule”, lo rurbano puede asociarse hoy día al “acceso y al vínculo; a la libertad y a la comunidad; al anonimato y a la confianza; al pasado y al futuro, todo al mismo tiempo” (UCM y ONG Surmaule, 2010: 103). Esto significa la posibilidad de desvincularse de la tensión modernidad/tradición, redefiniendo lo moderno “como aquella forma de habitar el territorio que promueve la integración de valores y ventajas; lo atrasado sería lo que tiende a aislar estos valores, oponerlos o intenta anular unos en privilegio de otros” (ibid.).

Una apuesta conceptual de este tipo conlleva sin duda un análisis más profundo de la realidad rurbana chilena, considerando que los enfoques de la nueva ruralidad, las ciudades rurales y el agrópolis logran abordar solo parcialmente el fenómeno (de hecho no es el foco de estas construcciones teóricas), y que la propuesta argentina necesita ser reinterpretada localmente. En este sentido será tarea de otras investigaciones la de determinar las “formas chilenas” de la rurbanidad, a partir además de la trayectoria histórica propia de los territorios locales.

Pero por otro lado, y más allá del ámbito académico, existe un componente muy práctico, cotidiano, que se refiere a la visibilización y puesta en valor de estas formas y de esta identidad. Aquí es la política pública la que está llamada a generar reflexiones nuevas, y a generar intervenciones pertinentes.

Si consideramos que los valores asociados a la rurbanidad son “el acceso a lo global y el vínculo de lo local, la libertad y la comunidad, el anonimato y la confianza en el otro, la tecnología y la naturaleza” (ibid.) –todos componentes positivos y de enorme potencialidad socio-económica– también hay que abordar la marginalidad a la que están condenadas ciertas actividades de rebusque, como las que describimos.

Se trata, en el fondo, de generar una lectura más acorde a las dinámicas que se desarrollan en los territorios, de valorizar las capacidades endógenas y aprovechar esta construcción histórica, social y económica a la cual aún cuesta nombrar, para un proyecto de desarrollo local con identidad y proyección.

Referencias Bibliográficas

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Artículo recibido el 27 de mayo de 2015, y aprobado el 22 de agosto de 2015.

Stefano Micheletti es titulado en Ciencias Forestales y Medioambientales en la Universidad de Padua (Italia), Diplomado en Gestión Pública y Desarrollo del Territorio y Magíster Internacional en Cooperación para el Desarrollo y Responsabilidad Social y Ambiental. Es académico de la Escuela de Sociología de la Universidad Católica del Maule, investigador del CEUT – Centro de Estudios Urbano-Territoriales, y coordinador del Observatorio de Ruralidad de la Región del MAule entre el 2012 y el 2014. También es coordinador de Proyectos en ONG Surmaule.

Francisco Letelier es sociólogo de la Universidad de Concepción y Magíster en Sociología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Es académico de la Escuela de Sociología de la Universidad Católica del Maule, e investigador y docente de la Escuela de Líderes de Ciudad (ELCI) y del Centro de Estudios Urbano Territoriales del Maule. Es co–fundador y socio de ONG Surmaule.

[1] El huaso es el habitante del campo, mestizo de sangre española e indígena, que es diestro en las tareas rurales y en montar a caballo; es uno de los personajes típicos de la cultura popular chilena.

[2] Las entrevistas fueron realizadas por la estudiante Catalina Salazar Fernández de la carrera de Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica para la redacción de un informe de práctica sobre la identidad y el uso de la carreta a tracción animal en Talca